domingo, 6 de diciembre de 2020

Pasaporte de las Montaña de Sanabria

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viernes, 2 de octubre de 2020

CRYOSANABRIA en Canal 8


 

LA DAMA DE BLANCO

  Era la hora de levantarse para ir a la escuela.  En la cocina ya crepitaba el fuego recién encendido con leña de roble,  pero costaba abandonar el lecho  caliente. Por las rendijas de la madera se colaba silbando una ráfaga de viento helado, y un resplandor blanco muy familiar  que venía de la calle  iluminaba  tenuamente el interior. Había nevado. Una  de aquellas nevadas perfectas que cubrían todo, que borraban los caminos, que impedían las tareas, que tapaban las cimas de los arbustos que comían los animales en estos meses duros  pero que alegraban a los niños porque la nieve era bella, divertida, y anunciaba días de juego en la calle y de fuegos especialmente abrazadores en el bendito hogar.



 Esos días, la abuelica se asomaba a la puerta, miraba a la sierra y murmuraba: ¡Oy  Jesús,  qué frieu fa!  y  retornaba rauda al corredor, contemplaba  el manto albo de la vea de La Retuerta y entraba en la cocina, buscando el amparo de aquella lumbre  acogedora y confortable. El padre que en esos días estaba en casa, porque las obras se paraban  por el frío y la imposibilidad de tránsito en la sierra, buscaba la pala más grande y se disponía a abrir camino para que la vida comenzara a bullir también fuera. A mí me entusiasmaba recorrer aquel risco que él abría en medio de una trinchera de nieve que solo me permitía ver el cielo y seguir por el carrilito hasta San Juan, donde los vecinos madrugadores y el ganado ya habían transitado y roto el encanto.

 A mi padre, productor de Moncabril  en las Presas de Vega de Conde y Vega de Tera, le oí por primera vez aquel nombre que me resultaba nuevo en el riquísimo elenco de nuestra toponimia: Peña Trevinca. En estos días de enormes nevadas, que podían alcanzar en el pueblo medio metro, y a veces bastante más,  él se acordaba de la montaña más alta que los observaba tranquila, inalterable desde la cumbre del cercano Moncalvo. ¡Cómo estará hoy Peña Trevinca! – decía. Después lo oí cada vez con más frecuencia, y siempre asociado al frío, a la nieve, al viento que entraba por Portillo Puertas  y agarrado al Tera  por La Cueva  abajo, llegaba al pueblo y “helaba las piedras”. Yo no la conocía . Desde el pueblo no se ve y entonces lo que no se veía desde el pueblo estaba demasiado lejos. Me intrigaba esa montaña mítica de la que los mayores hablaban con cierta admiración, respeto y un poquito de misterio. Se popularizó bastante con las obras, se acercó.

 Un día en pleno verano, siendo aún muy niña acompañé a un familiar a la sierra y pude atisbarla por primera vez, era agosto y estaba nevada. No parecía tan alta porque estaba lejos de Piachunta, centro de la serranía de nuestra demarcación. Entonces pensé que algún día iría hasta allí y podría conocerla bien. Quedó ahí en el reservorio de mis asuntos pendientes y de mis promesas.



Poco a poco fui averigüando más datos de su historial y aprendiendo algo más de ella. Datos que los mayores iban desgranando cuando hablaban de  su estampa como de una dama inalcanzable.   Era la montaña más alta de toda la sierra, más que el pico de Moncalvo,  tenía más de dos mil metros de altitud. En ella se juntaban y se separaban las tres provincias Zamora, León  y Orense.  Cerca, muy cerca de su ladera Este, nace nuestro río más importante y más grande, El Tera. Durante los años en que se construyeron las presas,  algunos de los técnicos, entre ellos el mismo Gabriel Barceló, utilizó sus condiciones muy favorables como pista de eskí y allí practicaba este deporte los domingos acompañado de su mujer y de Manolo, joven empleado, servicial y servidor, que subía los esquís hasta la altura deseada y los bajaba al final. El coche entraba hasta Vega de Conde, desde allí el camino se hacía andando.

Cuando ocurre la Tragedia en el año 59, Peña Trevinca había ganado en admiradores, había acompañado a los obreros en su trabajo y la sentían muy cercana y por ellos, también nosotros. 

La primera vez que la ví más cerca, coincidió con uno de los momentos más emotivos que viví en los años siguientes a la tragedia. Cuatro años después subí con dos amigas a ver la presa rota, aquel muro que nos había roto también a nosotros, y me pareció, sentí, que la naturaleza toda, representada por aquellas montañas cercanas, Prao caballo, El cabezo, Moncalvo, Trevinca…  los valles del Tera, y el propio río, lloraban conmigo. A partir de entonces cuando he subido a la presa rota, busco enseguida su esbelta figura pero sobre todo la siento como parte muy íntima de nuestros recuerdos y cuando pienso en Vega de Tera, que es casi constante en nuestras vidas, ella está ahí siempre nevada en el paisaje más entrañable, y más trágico.

 Por fin hace ya más de veinte años  un grupo de personas de la familia  decidimos subir hasta su palacio de nieve para visitarla. Queríamos llegar hasta la misma cima y mirarla cara a cara y contemplar desde allí el impresionante paisaje que siempre me habían dicho que se extendía a sus pies en todas las direcciones. Me invadía la emoción . Todo lo referente a esa zona es para nosotros tan profundo que nos altera mucho, nos perturba y nos estremece. Salimos temprano. Fue la primera vez que subía por San Martín y la laguna de los peces. La estampa de Vega de Tera allá abajo en el mismo comienzo de la garganta del río me estremeció profundamente una vez más. Rehuí contemplarla. En Vega de Conde recordé intensamente a mi padre que tanto había trabajado allí, tan cerca de la dama. Con fríos, con calor, con tantos anhelos que cumplir, con tantas esperanzas que se frustraron, con tantos sacrificios nunca reconocidos.

 En su valle florido junto al Tera pequeñito todavía, hicimos un descanso y tomamos un refrigerio para reponer las fuerzas necesarias  en el esfuerzo de la subida. Pero ya no seguimos todos. Allí, como en un campamento base, se quedó Lurdes esperándonos  y guardando cuanto no fuera necesario para el tramo final. El grupo era bastante desigual en la tarea de subir montañas y cada uno llevó su ritmo. Algunos otros se quedaron poco después de comenzar la ladera. Yo tenía muy claro que iba a cumplir mi promesa, y mi sueño : iba a llegar arriba. Los chicos, que eran jóvenes  nos dejaron a todos pronto atrás pero los pude seguir de cerca. Desde arriba nos animaban y se reían un poco de nuestra lentitud. ¡Aquí os esperamos!– gritó Rubén.  Y desaparecieron hacia el centro de la meseta. Habían pasado unos minutos, yo estaba ya muy cerca cuando reaparecieron los tres en la orilla  y comenzaron a descender. Quedé  parada, ¡no me esperaban! ¿Cómo iba a subir yo sola?  Le pedí que esperaran un ratito  hasta que yo llegara, pero ellos  comenzaron su descenso. Parece que había nubes negras en el horizonte y en la sierra los tormentas son repentinas.  Pero además había otro motivo o ellos lo utilizaron como tal. A medida que se iban acercando, vi que  miraban para atrás y se paraban un poco, incluso les oí decir  varias veces  ¡pobrecitos!  Por fin pude ver entre los brezos y carpazos que algo de color marrón oscuro  se movía. Traían algún animal. Quedé  en silencio y muy intrigada, y tardé en identificarlo. ¿Tienes pan o algo de comer aquí? – me preguntaron.  En ese momento pude ver al primero de los dos, parecían perritos pero estaban tan delgados que no se podía saber  con certeza si lo eran. Todos los huesecillos de su cuerpo parecían transparentarse a través de su fina piel. Saqué de la pequeña  fardela unas galletas y sin decir nada se las iba a dar a aquellos seres que se tenían de pie a duras penas, pero Luis me advirtió ¡no! todas no, hay que ir dándole algo muy poco a poco, deben llevar mucho tiempo sin comer, se pueden atragantar.  Hay que darle más agua, la que llevábamos ya la han bebido.

Los animales desvalidos me ayudaron a olvidar mi pequeña frustración por haberme quedado a pocos metros de mi meta como Moisés y La tierra prometida. Todos volvimos  al punto en que nos esperaba Lurdes. Por el camino los perritos se habían comido poco a poco las galletas, con ansia con brusquedad. En el río bebieron agua que le pusimos en una latita, no se cansaban de beber.  Se notaba que su carita, tan triste y apagada, había recuperado ya algún signo de vida. Después de descansar un poco y haber bebido todo lo que quiesieron le dimos algo de comer y su mirada de agradecimiento nos emocionaba. Emprendimos la vuelta a casa. En la presa de Vega de Conde no eran capaces de subir un pequño escalón y sin esperar a que les ayudáramos, se echaron al agua por miedo a que nos fuéramos sin ellos. Pero no tenían fuerza, para nadar y Rubén tuvo que lanzarse a ayudarlos a salir. En el camino hasta San Martín se caían de vez en cuando pero se puede decir que estaban contentos, expresivos. Veníamos muy despacio, porque estaban cansados.

Cuando llegamos a la Laguna de los peces ya  estaban agotados. Comieron algo más y nos acercamos a una piedra grande que hacía buena sombra y tenía una especie de pequeña cueva donde les indicamos que se tumbaran. Quedaron dormidos al instante. En el camino ya habíamos  hablado sobre el porvenir de los animalitos. Ninguno de nosotros tenía entre sus planes el poseer una mascota, y menos aún dos, pero no los podíamos abandonar después  de haberlos salvado. Rubén que era el más pequeño, un niño de 9 años, sí se los quería quedar y trataba de convencer a su padre. Era un dilema. Mientras ellos dormían nosotros seguimos discutiendo las opciones de dejarlos a buen recaudo. No se despertaban y debíamos partir ya. Decidiríamos  sobre la marcha. Aún esperamos un poco. Por allí había mucha gente visitando la laguna y disfrutando del día espléndido y del aire de la sierra. Unos niños acompañados de su papá se acercaron al ver allí cachorritos y nos preguntaron algo. El caso es que le contamos su corta historia y el problema de conciencia que teníamos ahora.



Uno de los niños en seguida dijo: ¡Papá nos los quedamos nosotros.! No estaba el padre muy de acuerdo pero los niños insistieron. Él se ausentó un momento y enseguida volvió acompañado de su mujer. Después de contemplarlos un ratito nos miró sonriente luego miró a sus hijos y espetó:  Si estos señores nos dejan, nos los llevamos. Los niños se volvían locos de contento y nosotros, que habíamos encontrado la solución sentimos alivio y pena al mismo tiempo.  Rubén lloraba y yo estaba a punto   ¿Cómo se puede coger tanto cariño en tan poco tiempo?  Nos despedimos agradeciendo la acogida y después de mirar con ternura una vez más a los perritos que seguían durmiendo continuamos en coche la vuelta a casa, todos callados todos tristes, pero pronto reaccionamos y dimos gracias por haberlos salvado y por la seguridad de  dejarlos con una familia que los cuidaría muy bien porque los niños los iban a querer muchísimo.

Desde entonces recuerdo  Peña Trevinca  con la imagen de estos dos animales abandonados en su regazo, que casualmente se salvaron gracias a nuestra visita                                                                            ese día. Ellos no hubieran resistido mucho más.

Hoy La Dama  ya no viste siempre de blanco. Nieva poco y únicamente en invierno.  Solo en su ladera norte mantiene algunos neveros a veces hasta entrar la primavera, pero sigue siendo hermosa. Tiene demasiadas visitas. No creo que a ella le guste. Ojalá todos  se den cuenta de que las cosas hermosas y bellas lo son por permanecer intangibles. Si se las manosea  pierden su belleza y su misterio. Por ello no sé si volveré a intentar subir, pero  mi deseo mayor es su permanencia distante porque sería su seguro de vida.

Para mí, la presa rota que tanto ocupa mi mente sigue unida a ella, al valle y a todo el paisaje que hay a sus pies. Me siento integrada en esa naturaleza   en la que nacimos y que forma parte íntima de nuestro ser y estar en el mundo.

                                                  María Jesús Otero Puente.  Noviembre de 2020


viernes, 25 de septiembre de 2020

3º Concurso de Ramo Senabrés Leonés

 

Cryosanabria organiza este 3º Concurso de Ramo Senabrés Leonés en el cual se invita a la realización y exposición de dicho ramo durante el solsticio y navidad 2020-2021.

El ramo leonés-sanabrés de Navidad es un ornamento recuperado en los últimos años en las fiestas navideñas, siendo su presencia más constatable «en los límites del Reino de León en el que nos encontramos en Sanabria».

En Sanabria se perdió esta tradición hace 90-100 años sustituido por el pino de navidad, por lo que pocas personas que continúan con vida pueden recordarlo y gracias a entrevistas realizadas hace 18 años hemos logrado recuperarlo desde Cryosanabria.

El ramo consiste en un armazón de madera de forma triangular, semicircular o cuadrada, en el que se sitúan 12 velas simbolizando los meses del año. Del mismo cuelgan diferentes ofrendas, tales como lazos, hojas, hilos de lana, puntillas, bordados, rosquillas y frutas. Este armazón se apoya en una vara de madera colocada verticalmente sobre una peana que le sirve de soporte. Al pie del ramo se suele situar de nuevo una cesta con ofrendas, comúnmente castañas, bellotas y nueces.

Con la despoblación del campo sanabrés acaecida durante el siglo XX, esta tradición estuvo a punto de perderse por el empuje de otras importadas, como el pino de navidad, y por ser identificado el ramo como algo rural y por tanto desdeñable. Actualmente vive un nuevo renacer en Sanabria gracias a la asociación Cryosanabria.

martes, 5 de mayo de 2020

Trevinca despidiéndose del verano 2020


El Macizo de Trevinca en su cara sanabresa se encuentra en el Parque Natural Lago de Sanabria y Sierras Segundera y de Porto, en el cuadrante noroccidental de la provincia de Zamora y de la Península Ibérica,  siendo limítrofe con Galicia y, en parte, con León. Asimismo es un espacio que pertenece a la Red Natura 2000 y a la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Meseta Ibérica y, en un futuro no muy lejano, al Geoparque de Trevinca y su entorno, en el que está trabajando CRYOSANABRIA.
En dicho Macizo se localiza el pico homónimo, Peña Trevinca, que tiene 2.127 m.s.n.m., siendo el punto más elevado del área de estudio, mientras que el mínimo se encuentra a 1600 m.s.n.m.. aproximadamente.
El río Bibey no nace estrictamente en el Macizo de Trevinca, aunque en su tramo alto-medio este río si discurre por la comarca sanabresa, por lo que simplemente se han realizado unas pinceladas explicativas. Por otra parte, el área de estudio es la cabecera de la cuenca del río Tera, y sus primeros afluentes.
El conocimiento geológico de la cara sanabresa del macizo de Trevinca está asociado al inicio del interés hidrológico del lugar. Así, el área del actual Parque Natural Lago de Sanabria y Sierras Segundera y de Porto, según indica Rodríguez et al. (2011), fue estudiada por primera vez a principios del siglo XX , en lo que a rasgos geomorfológicos se refiere, defendiéndose su incuestionable importancia geomorfológica glaciar, destacando, por un lado, los estudios de la topografía del fondo del lecho del Lago de Sanabria / Llagu de Senabria realizados por Taboada (1913) en los que evidenció la forma de una artesa; y por otro, los estudios de las morrenas que bordean el lago llevados a cabo primero por Stickel (1929) y después por Llopis (1957). Estos estudios y avances, no dejan de ser meras obras descriptivas, aunque, paralelamente, Stickel (1929) y Schimdtz (1969), ya habían intentado calcular la Altitud de la Línea de Equilibrio para el máximo glaciar, obteniéndose ya una primera aproximación entre 1.500 y 1.600 m.s.n.m. (Rodríguez et al., 2011).
Sin embargo, en la segunda mitad de la centuria pasada, las líneas de investigación se centran en el estudio de las características y procesos sedimentológicos, biológicos y paleoclimáticos, pudiendo mencionarse en este caso aquellos estudios como los de R. Julià et al. (2007).


viernes, 1 de mayo de 2020

Diferencia entre merenderas y azafrán silvestre

 


Es importante diferenciar entre las plantas del género Merendera y Crocus ya que pueden ser tóxicos y compartir hábitat y aspecto por lo que es fácil su confusión.
En la fotografía anterior vemos un Crocus en la parte posterior y una Merendera en la parte inferior.
Los Crocus son conocidos como azafrán silvestre y la Merendera como quitameriendas, aunque en ocasiones se confunden y mezclan términos populares.
El mundo rural tradicional afirma que el origen de este curioso nombre de quitameriendas o tollamerendas se debe a que, antiguamente, los pastores o trabajadores del campo se regían por la luz del sol e incluían sus comidas en la jornada laboral. Así, según se iban haciendo las tardes más cortas las horas de luz se iban reduciendo y se tendía a eliminar una de las comidas del día, generalmente la merienda, ya que se adelantaba la cena.








Certamen Relatos de lobos 2020






Bases  de participación

1‐ Podrá participar  cualquier persona, libre y gratuitamente.

2‐Cada  concursante  podrá  presentar  un máximo de dos relatos vivenciales o cuentos.

3‐Cada relato tiene que tener como máximo 2000 caracteres.

4‐Los relatos se entregarán entre los días 15 de marzo y 10 de diciembre de 2020, por correo electrónico a la dirección danielboyanosotillo@gmail.com (poner en el asunto CERTAMEN LOBO). A cada relato se responderá explicando que ha sido incluida en el certamen, en caso de que no tengas respuesta vuelve a enviarla de nuevo.
A cada relato se le asignará un número para preservar la identidad del autor ante el jurado.


5‐ Cada relato irá acompañada de:
1)Título.
2)Nombre del autor o autora
3) Pseudónimo
4) Teléfono y correo electrónico de contacto

6‐Se excluirá  cualquier relato que no cumpla los requisitos anteriores y que vaya contra la conservación del lobo y su coexistencia y/o convivencia con el ser humano. Además, no se aceptarán, para evitar molestias en el periodo más delicado de la fenología de esta especie, observaciones sobre lugares de reproducción.


El Jurado y los Premios


7‐ Presidido y formado por el Comité Técnico de Cryosanabria.


8‐ El jurado valorará, tanto la calidad técnica y artística de los relatos como su singularidad, originalidad  y espectacularidad. Los relatos elegidos serán maquetados y publicados en el libro "Relatos de lobos" que será comercializado para mantener la Asociación Cryosanabria.

9‐ Habrá un primer premio, un segundo premio y un tercer premio. Además a cada participante se le entregará un detalle.

10‐El fallo del jurado será inapelable.

11‐El fallo y la fecha de entrega de premios se realizará en febrero de 2021.


Disposición Final


12‐De conformidad con  lo previsto en la Ley de Propiedad Intelectual, los participantes premiados, sin perjuicio de los derechos morales que les corresponden, ceden expresamente a la Asociación Cryosanabria ,de forma gratuita y con la facultad de cesión a terceros, los derechos patrimoniales de  los textos y fotografías  presentadas en el concurso. Esta cesión será de la máxima duración de los derechos legalmente establecida.



martes, 21 de abril de 2020

Antropoceno en Sanabria

Daniel Boyano Sotillo, 
6 de mayo de 2020


El Antropoceno, la "Edad de los Humanos" es una nueva época geológica propuesta por parte de la comunidad científica para suceder o remplazar al denominado Holoceno, la época actual del período Cuaternario en la historia terrestre, debido al espectacular impacto global que las actividades humanas han tenido sobre los ecosistemas done podríamos destacar las que aparecen en la siguiente tabla del libro¿Qué sabemos de? El Antropoceno de Valentí Rull :



El Antropoceno en Sanabria quedaría de manifiesto con las grandes acumulaciones de escombros y las alteraciones topográficas provocadas por túneles y taludes en obras civiles que se han realizado durante los dos últimos siglos, y con especial incidencia las dos últimas décadas. Estas últimas obras civiles, como la Línea de Alta Velocidad, la Autovía o la Instalación de tendidos eléctricos o parque eólicos han tenido un gran impacto negativo sobre el paisaje, e incluso la estratigrafía de Sanabria.


Si hay que destacar una obra con mayor impacto ambiental negativo ha sido la Línea de Alta Velocidad de tren, además de su costo (20 millones de euros el kilómetro), ya que además de contaminar ríos como el Tuela o el Castro, ha dejado grandes desmontes de escombros en lugares que antes tenían un alto valor ambiental como la entrada al valle de Parada, la parte superior del Castro del Castro de As Muradellas, la entrada del Valle de las Cascadas de Aguas Cernidas, la inmediaciones de San Juanico en Puebla de Sanabria, las proximidades del Teixedelu o Tejedelo...



Todas estas alteraciones quedan de manifiesto en el terreno y ahora forman parte del nuevo registro estratigráfico sanabrés perteneciente al Antropoceno como se observa en el siguiente corte geológico donde el número 4 representa acumulaciones de escombros de la obra del Tren de Alta Velocidad sobre estratos geológicos anteriores como cuarcitas y pizarras del Ordovícico, Gneis glandular de Ollo de Sapo del Cámbrico o Granitos de Calabor Hercínicos.



Por último, quiero recordar que la llegada de las grandes obras de infraestructura al mundo rural, supuso al igual que supone hoy en día, una pérdida de costumbres y forma de organización tradicional e igualitaria, a cambio de un salario. Las y los paisanos dejaron de cultivar para incorporarse a empresas de pastorear para arrancar los árboles y construir una gran vía de comunicación que acercaba lo lo lejano y alejaba lo cercano; dejaron de pescar para construir grandes embalses que inundaban sus tierras, viviendas e incluso recuerdos; dejaron de organizarse en Concejo Abierto porque cada persona ya tenía su salario y se creaban desigualdades insalvables… Esta otra forma de emigración, no física, pero si en espíritu y hábitos, complementó al gran éxodo rural a las ciudades fomentado por las medidas capitalistas del Estado. A pesar de ello, existían un tercer grupo de personas, los que se quedaron y lucharon por mantener sus costumbres, tradiciones y valores ambientales; ejemplos a seguir para las nuevas generaciones.

Restos arqueológicos del Castro de As Muradellas siglo IV  a. C en primer plano, y promontorio artificial de escombros en 2019 procedente de las obras del Tren de Alta Velocidad en segundo plano.



Impactos negativos humanos en la Portilla de Padornelo, As Portelas, Sanabria.






sábado, 11 de abril de 2020

Servicios Ecosistémicos de los bosques tropicales de montaña del Sudeste Asiático




Los servicios ecosistémicos del bosque tropical de montaña del Sudeste Asiático hacen posible la vida humana, por ejemplo, al proporcionar alimentos nutritivos y agua limpia; al regular las enfermedades y el clima; al apoyar la polinización de los cultivos y la formación de suelos, y al ofrecer beneficios recreativos, culturales y espirituales. Si bien se estima que estos bienes tienen un valor de 125 billones de Euros a nivel mundial, no reciben la atención adecuada en las políticas y las normativas económicas, lo que significa que no se invierte lo suficiente en su protección y ordenación ya que los gobernantes suelen vivir en ciudades lejanas a los espacios naturales donde se producen dichos servicios y desconocen su realidad. 



sábado, 14 de marzo de 2020

El esgrafiado de Sanabria

 Esgrafiado es una técnica ornamental arquitectónica utilizada para la decoración en el enlucido y revestimiento de muros, tanto en el exterior como en el interior de edificios.​ El término, de origen italiano (sgraffiare),​ se aplica tanto a la acción artesana como al producto resultante.​ En materia de albañilería, puede considerarse como una variedad o tipo de grabado realizado sobre una superficie estofada, a partir de dos capas o colores superpuestos que permiten revelar formas o dibujos al retirar o rallar la capa exterior.​ En los revestimientos de fachadas y decoración de algunos interiores suelen utilizarse plantillas con motivos geométricos seriados. En la península ibérica, este oficio, de algún modo heredero del arte decorativo parietal, tuvo su origen en el trabajo artesano de los alarifes mudéjares.



El esgrafiado, además de su aplicación arquitectónica, se ha documentado en restos arqueológicos de distinta antigüedad en su aplicación sobre objetos de cerámica y, en la Edad Media, sobre manuscritos en las ilustraciones en oro.



En Sanabria los esgrafiados elaborados por albañiles esgrafiadores, e incluso por los propios habitantes de los pueblos. 
En la península se asentaron dos tendencias de esgrafiado culto, la italianizante y la árabe, que se utilizaron en las fachadas de las casas pudientes. La versión popular es una imitación de la decoración de las casas ricas, que sorprende por los motivos que representa realizados de modo original y con gran ingenuidad, recogen los investigadores. La técnica vivió momentos álgidos en la segunda mitad del siglo XIX y el Modernismo de finales del XIX y principios del XX.


Los diseños se aplicaban de forma selectiva sobre el muro: líneas de imposta, puertas, ventanas y aleros. En Sanabria se muestran una amplia selección de los motivos decorativos consistentes en cenefas y en motivos singulares, aviformes, representaciones zoomórficas, y en menor medida formas humanoides.