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domingo, 3 de octubre de 2021
viernes, 2 de octubre de 2020
LA DAMA DE BLANCO
Era la hora de levantarse para ir a la escuela. En la cocina ya crepitaba el fuego recién encendido con leña de roble, pero costaba abandonar el lecho caliente. Por las rendijas de la madera se colaba silbando una ráfaga de viento helado, y un resplandor blanco muy familiar que venía de la calle iluminaba tenuamente el interior. Había nevado. Una de aquellas nevadas perfectas que cubrían todo, que borraban los caminos, que impedían las tareas, que tapaban las cimas de los arbustos que comían los animales en estos meses duros pero que alegraban a los niños porque la nieve era bella, divertida, y anunciaba días de juego en la calle y de fuegos especialmente abrazadores en el bendito hogar.
Esos días, la abuelica se asomaba a la puerta,
miraba a la sierra y murmuraba: ¡Oy Jesús,
qué frieu fa! y
retornaba rauda al corredor, contemplaba
el manto albo de la vea de La Retuerta y entraba en la cocina, buscando
el amparo de aquella lumbre acogedora y
confortable. El padre que en esos días estaba en casa, porque las obras se
paraban por el frío y la imposibilidad
de tránsito en la sierra, buscaba la pala más grande y se disponía a abrir
camino para que la vida comenzara a bullir también fuera. A mí me entusiasmaba
recorrer aquel risco que él abría en medio de una trinchera de nieve que solo
me permitía ver el cielo y seguir por el carrilito hasta San Juan, donde los
vecinos madrugadores y el ganado ya habían transitado y roto el encanto.
A mi padre, productor de Moncabril en
las Presas de Vega de Conde y Vega de Tera, le oí por primera vez aquel nombre
que me resultaba nuevo en el riquísimo elenco de nuestra toponimia: Peña
Trevinca. En estos días de enormes nevadas, que podían alcanzar en el pueblo
medio metro, y a veces bastante más, él
se acordaba de la montaña más alta que los observaba tranquila, inalterable
desde la cumbre del cercano Moncalvo. ¡Cómo estará hoy Peña Trevinca! – decía.
Después lo oí cada vez con más frecuencia, y siempre asociado al frío, a la
nieve, al viento que entraba por Portillo Puertas y agarrado al Tera por La Cueva
abajo, llegaba al pueblo y “helaba las piedras”. Yo no la conocía .
Desde el pueblo no se ve y entonces lo que no se veía desde el pueblo estaba
demasiado lejos. Me intrigaba esa montaña mítica de la que los mayores hablaban
con cierta admiración, respeto y un poquito de misterio. Se popularizó bastante
con las obras, se acercó.
Un día en pleno verano, siendo aún muy niña
acompañé a un familiar a la sierra y pude atisbarla por primera vez, era agosto
y estaba nevada. No parecía tan alta porque estaba lejos de Piachunta, centro
de la serranía de nuestra demarcación. Entonces pensé que algún día iría hasta
allí y podría conocerla bien. Quedó ahí en el reservorio de mis asuntos
pendientes y de mis promesas.
Poco a poco
fui averigüando más datos de su historial y aprendiendo algo más de ella. Datos
que los mayores iban desgranando cuando hablaban de su estampa como de una dama inalcanzable. Era la montaña más alta de toda la sierra,
más que el pico de Moncalvo, tenía más
de dos mil metros de altitud. En ella se juntaban y se separaban las tres
provincias Zamora, León y Orense. Cerca, muy cerca de su ladera Este, nace
nuestro río más importante y más grande, El Tera. Durante los años en que se
construyeron las presas, algunos de los
técnicos, entre ellos el mismo Gabriel Barceló, utilizó sus condiciones muy
favorables como pista de eskí y allí practicaba este deporte los domingos
acompañado de su mujer y de Manolo, joven empleado, servicial y servidor, que
subía los esquís hasta la altura deseada y los bajaba al final. El coche
entraba hasta Vega de Conde, desde allí el camino se hacía andando.
Cuando ocurre
la Tragedia en el año 59, Peña Trevinca había ganado en admiradores, había
acompañado a los obreros en su trabajo y la sentían muy cercana y por ellos,
también nosotros.
La primera vez
que la ví más cerca, coincidió con uno de los momentos más emotivos que viví en
los años siguientes a la tragedia. Cuatro años después subí con dos amigas a
ver la presa rota, aquel muro que nos había roto también a nosotros, y me
pareció, sentí, que la naturaleza toda, representada por aquellas montañas
cercanas, Prao caballo, El cabezo, Moncalvo, Trevinca… los valles del Tera, y el propio río,
lloraban conmigo. A partir de entonces cuando he subido a la presa rota, busco
enseguida su esbelta figura pero sobre todo la siento como parte muy íntima de
nuestros recuerdos y cuando pienso en Vega de Tera, que es casi constante en
nuestras vidas, ella está ahí siempre nevada en el paisaje más entrañable, y
más trágico.
Por fin hace ya más de veinte años un grupo de personas de la familia decidimos subir hasta su palacio de nieve
para visitarla. Queríamos llegar hasta la misma cima y mirarla cara a cara y
contemplar desde allí el impresionante paisaje que siempre me habían dicho que
se extendía a sus pies en todas las direcciones. Me invadía la emoción . Todo
lo referente a esa zona es para nosotros tan profundo que nos altera mucho, nos
perturba y nos estremece. Salimos temprano. Fue la primera vez que subía por
San Martín y la laguna de los peces. La estampa de Vega de Tera allá abajo en
el mismo comienzo de la garganta del río me estremeció profundamente una vez más.
Rehuí contemplarla. En Vega de Conde recordé intensamente a mi padre que tanto
había trabajado allí, tan cerca de la dama. Con fríos, con calor, con tantos
anhelos que cumplir, con tantas esperanzas que se frustraron, con tantos
sacrificios nunca reconocidos.
En su valle florido junto al Tera pequeñito
todavía, hicimos un descanso y tomamos un refrigerio para reponer las fuerzas
necesarias en el esfuerzo de la subida.
Pero ya no seguimos todos. Allí, como en un campamento base, se quedó Lurdes
esperándonos y guardando cuanto no fuera
necesario para el tramo final. El grupo era bastante desigual en la tarea de
subir montañas y cada uno llevó su ritmo. Algunos otros se quedaron poco
después de comenzar la ladera. Yo tenía muy claro que iba a cumplir mi promesa,
y mi sueño : iba a llegar arriba. Los chicos, que eran jóvenes nos dejaron a todos pronto atrás pero los
pude seguir de cerca. Desde arriba nos animaban y se reían un poco de nuestra
lentitud. ¡Aquí os esperamos!– gritó Rubén.
Y desaparecieron hacia el centro de la meseta. Habían pasado unos
minutos, yo estaba ya muy cerca cuando reaparecieron los tres en la orilla y comenzaron a descender. Quedé parada, ¡no me esperaban! ¿Cómo iba a subir
yo sola? Le pedí que esperaran un
ratito hasta que yo llegara, pero
ellos comenzaron su descenso. Parece que
había nubes negras en el horizonte y en la sierra los tormentas son
repentinas. Pero además había otro
motivo o ellos lo utilizaron como tal. A medida que se iban acercando, vi
que miraban para atrás y se paraban un
poco, incluso les oí decir varias
veces ¡pobrecitos! Por fin pude ver entre los brezos y carpazos
que algo de color marrón oscuro se
movía. Traían algún animal. Quedé en
silencio y muy intrigada, y tardé en identificarlo. ¿Tienes pan o algo de comer
aquí? – me preguntaron. En ese momento
pude ver al primero de los dos, parecían perritos pero estaban tan delgados que
no se podía saber con certeza si lo eran.
Todos los huesecillos de su cuerpo parecían transparentarse a través de su fina
piel. Saqué de la pequeña fardela unas
galletas y sin decir nada se las iba a dar a aquellos seres que se tenían de
pie a duras penas, pero Luis me advirtió ¡no! todas no, hay que ir dándole algo
muy poco a poco, deben llevar mucho tiempo sin comer, se pueden
atragantar. Hay que darle más agua, la
que llevábamos ya la han bebido.
Los animales
desvalidos me ayudaron a olvidar mi pequeña frustración por haberme quedado a
pocos metros de mi meta como Moisés y La tierra prometida. Todos volvimos al punto en que nos esperaba Lurdes. Por el
camino los perritos se habían comido poco a poco las galletas, con ansia con
brusquedad. En el río bebieron agua que le pusimos en una latita, no se
cansaban de beber. Se notaba que su
carita, tan triste y apagada, había recuperado ya algún signo de vida. Después
de descansar un poco y haber bebido todo lo que quiesieron le dimos algo de
comer y su mirada de agradecimiento nos emocionaba. Emprendimos la vuelta a
casa. En la presa de Vega de Conde no eran capaces de subir un pequño escalón y
sin esperar a que les ayudáramos, se echaron al agua por miedo a que nos
fuéramos sin ellos. Pero no tenían fuerza, para nadar y Rubén tuvo que lanzarse
a ayudarlos a salir. En el camino hasta San Martín se caían de vez en cuando pero
se puede decir que estaban contentos, expresivos. Veníamos muy despacio, porque
estaban cansados.
Cuando
llegamos a la Laguna de los peces ya
estaban agotados. Comieron algo más y nos acercamos a una piedra grande
que hacía buena sombra y tenía una especie de pequeña cueva donde les indicamos
que se tumbaran. Quedaron dormidos al instante. En el camino ya habíamos hablado sobre el porvenir de los animalitos.
Ninguno de nosotros tenía entre sus planes el poseer una mascota, y menos aún
dos, pero no los podíamos abandonar después
de haberlos salvado. Rubén que era el más pequeño, un niño de 9 años, sí
se los quería quedar y trataba de convencer a su padre. Era un dilema. Mientras
ellos dormían nosotros seguimos discutiendo las opciones de dejarlos a buen recaudo.
No se despertaban y debíamos partir ya. Decidiríamos sobre la marcha. Aún esperamos un poco. Por
allí había mucha gente visitando la laguna y disfrutando del día espléndido y
del aire de la sierra. Unos niños acompañados de su papá se acercaron al ver
allí cachorritos y nos preguntaron algo. El caso es que le contamos su corta
historia y el problema de conciencia que teníamos ahora.
Uno de los
niños en seguida dijo: ¡Papá nos los quedamos nosotros.! No estaba el padre muy
de acuerdo pero los niños insistieron. Él se ausentó un momento y enseguida
volvió acompañado de su mujer. Después de contemplarlos un ratito nos miró
sonriente luego miró a sus hijos y espetó:
Si estos señores nos dejan, nos los llevamos. Los niños se volvían locos
de contento y nosotros, que habíamos encontrado la solución sentimos alivio y
pena al mismo tiempo. Rubén lloraba y yo
estaba a punto ¿Cómo se puede coger
tanto cariño en tan poco tiempo? Nos
despedimos agradeciendo la acogida y después de mirar con ternura una vez más a
los perritos que seguían durmiendo continuamos en coche la vuelta a casa, todos
callados todos tristes, pero pronto reaccionamos y dimos gracias por haberlos
salvado y por la seguridad de dejarlos
con una familia que los cuidaría muy bien porque los niños los iban a querer
muchísimo.
Desde entonces
recuerdo Peña Trevinca con la imagen de estos dos animales
abandonados en su regazo, que casualmente se salvaron gracias a nuestra visita
ese día. Ellos no
hubieran resistido mucho más.
Hoy La
Dama ya no viste siempre de blanco.
Nieva poco y únicamente en invierno.
Solo en su ladera norte mantiene algunos neveros a veces hasta entrar la
primavera, pero sigue siendo hermosa. Tiene demasiadas visitas. No creo que a
ella le guste. Ojalá todos se den cuenta
de que las cosas hermosas y bellas lo son por permanecer intangibles. Si se las
manosea pierden su belleza y su
misterio. Por ello no sé si volveré a intentar subir, pero mi deseo mayor es su permanencia distante
porque sería su seguro de vida.
Para mí, la
presa rota que tanto ocupa mi mente sigue unida a ella, al valle y a todo el
paisaje que hay a sus pies. Me siento integrada en esa naturaleza en la que nacimos y que forma parte íntima
de nuestro ser y estar en el mundo.
María Jesús Otero Puente.
Noviembre de 2020
martes, 20 de noviembre de 2018
Pinturas de Trevinca Dibuxos de Taravinca de rapaces y rapazas
lunes, 19 de noviembre de 2018
domingo, 8 de julio de 2018
martes, 12 de junio de 2018
Certamen fotográfico "Trevinca, nuestra montaña"
Destinado a personas de Sanabria y alrededores o que la visitan,con el objetivo de estimular la creatividad, dar a conocer el patrimonio natural y cultural de Trevinca.
Bases de participación
1‐ Podrá participar cualquier persona, libre y gratuitamente.
2‐Cada concursante podrá presentar un máximo de cuatro fotografías, una por cada estación del año .
3‐Se admitirán fotografías originales y tomadas a partir de medios digitales que tengan como tema protagonista a Trevinca.
4‐Las fotografías,en formato jpg con una resolución mínima de 300 ppp y de un máximo de 6 MB, se entregarán entre los días 15 de mayo y 20 de de septiembre de 2020, correo electrónico a la dirección danielboyanosotillo@gmail.com. A cada fotografía se responderá explicando que tu foto ha sido incluida en el certamen, en caso de que no tengas respuesta vuelve a enviarla de nuevo. A cada fotografía se le asignará un número para preservar la identidad del autor ante el jurado.
5‐ Cada fotografía irá acompañada de: 1) título de la fotografía, 2) estación del año, 3) nombre del autor. Estos datos deberán ir incluidos dentro de la imagen.
6‐ No se podrán añadir o eliminar elementos que alteren la composición original de la fotografía (no se aceptan fotomontajes), pero se admiten los ajustes habituales de edición (exposición, balance de blancos, luces altas, sombras, etc.).
6‐ Se excluirá cualquier fotografía que no cumpla los requisitos anteriores.
El Jurado y los Premios
7‐ Presidido y formado por el Comité Técnico de Cryosanabria.
8‐ El jurado, valorando tanto la calidad técnica y artística de las fotografías como su singularidad y espectacularidad . Las fotografías elegidas serán maquetadas y publicadas en el libro "Trevinca, nuestra montaña".
9‐ Habrá un primer premio y un segundo premio.
10‐El fallo del jurado será inapelable.
11‐El fallo y la fecha de entrega de premios se realizará a finales de se.
Disposición Final
12‐De conformidad con lo previsto en la Ley de Propiedad Intelectual, los participantes premiados, sin perjuicio de los derechos morales que les corresponden, ceden expresamente a la Asociación Cryosanabria, de forma gratuita y con la facultad de cesión a terceros, los derechos patrimoniales de las fotografías presentadas en el concurso. Esta cesión será de la máxima duración de los derechos legalmente establecida.
domingo, 29 de abril de 2018
Trevinca en la Pequeña Edad de Hielo (s. XVI y XIX)
Este empeoramiento relativo del clima con carácter secular, se caracterizó de forma general por un aumento de las nevadas invernales y de las precipitaciones estivales, así como un descenso térmico que en los momentos más fríos llegó en algunas áreas a ser de 2ºC . En todas las áreas glaciadas del planeta supuso un avance y pulsación de los glaciares enmarcado entre los s.XVI y XIX.
Es en el ámbito alpino, y Trevinca y alrededores no es una excepción, por su larga tradición cultural y científica en relación con las montañas, donde más ha sido documentado este avance glaciar histórico, que en ocasiones llegaba a interferir de forma brusca incluso con los usos y aprovechamientos humanos, dada la proximidad de algunas actividades económicas a los frentes glaciares.
Los efectos más significativos de este recrudecimiento a partir del siglo XIV en el noroeste de la Península Ibérica fueron el incremento de procesos ligados al frío, con consecuencias principalmente en las montañas más altas como Trevinca. De estos procesos el glaciarismo será el más expresivo, con el desarrollo y crecimiento de glaciares. En Trevinca es muy probable que existieran hieleros permanentes o reducidos glaciares con escasa movilidad, en las laderas de los respectivos circos, en las cuatro elipse rojas que se muestran en la fotografía dentro de su vertiente sanabresa. Estas cuatro zonas se caracterizan por su orientación norte y su elevada altitud (en torno a las 2000 m.s.n.m.).
Sería necesario realizar un estudio serio que probara esta hipótesis y quizás algún trabajo de fin de grado, trabajo de fin de máster o tesis doctoral, sería la mejor herramienta.
domingo, 28 de enero de 2018
lunes, 16 de octubre de 2017
¿Qué es la estrella de Trevinca?
Debido a este fenómeno geográfico en el que aparecen cinco ramificaciones, cordales o alineaciones montañosas saliendo de Trevinca que rondan los 2.000 m.s.n.m. hemos denominado a este espacio estrella de Trevinca, repartido entre tierras de Senabria, Cabreira, Valdeorra y O Bolo.
domingo, 10 de septiembre de 2017
miércoles, 23 de agosto de 2017
Concurso Infantil dibujos de Trevinca
Las bases del concurso son muy sencillas:
1- Niñas y niños hasta 18 años.
2-Dibujo libre de Trevinca que se puede inspirar en una visita a la montaña, otro dibujo, una fotografía, un sueño...
3-Entrega digital del dibujo a danielboyanosotillo@gmail.com. Para la entrega en físico del dibujo para su posterior exposición contactar mediante correo electrónico.
4-Fecha de entrega hasta el 4 de diciembre de 2017.
lunes, 3 de julio de 2017
Publicación 2018: Pinturas de Trevinca
*Una página, 2200 caracteres con espacios, tipo letra arial 14.
PUEDES PARTICIPAR GRATIS Y LIBREMENTE Y GARANTIZAMOS QUE SE PUBLICA.
La idea de estas publicaciones es que le dediques tiempo a la montaña, y en este caso particular a Trevinca, sin prisas, observando y después plasmándolo en un papel, para poder percibir todo lo que la montaña transmite.
ESTE AÑO CON EL PRÓLOGO DE EDUARDO MARTÍNEZ DE PISÓN, GEÓGRAFO Y MONTAÑERO QUE FUE EL ALMA DE AL FILO D E LO IMPOSIBLE
miércoles, 28 de junio de 2017
RELATOS DE TREVINCA
martes, 16 de mayo de 2017
Gradiante pluviométrico W-E en la sierra de Cabreira sanabresa
Si observamos con detalle esta fotografía (pinchar para ampliar) vemos como en la sierra de la Cabreira sanabresa existe un marcado gradiante pluviométrico que desciende de oeste a este.
Podemos ver claramente como la zona de Trevinca, donde empieza esta sierra por el oeste, contiene más espesor de nieve que la zona del este, el Vizcodillo, a pesar de que ambos tiene aproximadamente la misma altitud.
Este efecto que vemos claramente en esta foto, se repite de forma continuada y sería interesante un estudio más riguroso y en profundidad ya que de ello depende la disponibilidad de agua en las partes más bajas, donde se ubican los pueblos, para agricultura, consumo humano, mover molinos hidraúlicos, producir electricidad, mantener ecosistemas acuáticos y corredores ecológicos...
En las fotografías siguientes vemos un claro ejemplo de lo dicho anteriormente viendo la acumulación de nieve existente en Trevinca (NW de Sanabria) y el Vizcodillo (NE de Sanabria) el mismo día 5 de febrero de 2019. Ambas montañas muestran una clara diferencia de centímetros de nieve acumulados.
sábado, 29 de abril de 2017
viernes, 28 de abril de 2017
lunes, 24 de octubre de 2016
domingo, 9 de octubre de 2016
martes, 19 de abril de 2016
Glaciarismo en el valle del Bibei
domingo, 10 de abril de 2016
Toponimia de Peña Trevinca - Peña Taravinca
Con relación a la información que obra en nuestro poder, se podría afirmar que la voz "TREVINCA" es relativamente nueva con relación al nombre de nuestra montaña-Techo de Galicia y Sanabria, y por extensión, al de todo el macizo montañoso.
En el mapa del año 1.598 la "Descripción del Reyno de Galizia" de F. Fer Ojea, con el "Gallaecia Regnun", edición alemana de 1.633 de Mercator y J.Hondius, el mapa anónimo del siglo XVI "Galitiae Regnum", además del "Il Regno di Galicia" de Domenico y Giovanni de Rossi, editado en el año 1.696, el "Le Royaume de Galice" de 1.708, el "Regnum Castellae Veteris" de 1.711, todos ellos no hacen ninguna mención del nombre de Trevinca, apareciendo toda la zona denominada como
"TIERRA DE CABRERA", y en los dos últimos mapas descritos, como "SIERRA DE CABRERA". Es en el "Charta Geographica Regnum Galaeciam" del 1.800, cuando encontramos por primera vez la denominación de PENA TREVINCA además de los nombres de las sierras DEL EJE, PORTO Y SEGUNDERA, nombres que ya volvemos a encontrar en el "MAPA DEL REINO DE GALICIA" del año 1.816, obra de Don Tomás López, "GALICIA. Divisiones Administrativas" 1.837, y "GALICIA
Sur" de 1.847 (Antonio Fernández Pena, Cholo, 2013).
Después de estos datos sobre lo que podría ser la fecha aproximada del nacimiento de la palabra TREVINCA, podemos realizar ahora un pequeño estudio etimológico sobre la raíz de esta palabra y su significado (Antonio Fernández Pena, Cholo, 2013).
Una primera hipótesis, lanzada desde el topónimo usado más comúnmente en la Cabreira y Sanabria, es decir Peña Taravinca o Peña Teravinca, sugiere que el nombre pudiera proceder del propio nombre del río Tera, al estar su naciente en las faldas del macizo de Peña Trevinca – Taravinca – Teravinca. TERA significa en (pre)celta "que aTRAviesa, que rasga" y esto puede hacer referencia al Cañón del Tera en el cual el río atraviesa encañonado la sierra de Segundera sanabresa (Daniel Boyano Sotillo, 2015).
Algunos investigadores suponen que la palabra TREVINCA pueda provenir de "Trifinca", que podría significar "Tres demarcaciones-propiedades". PINNA TRIFINICA, significaría "la peña/montaña de los tres límites/fronteras", en la línea de topónimos como Treviño, *TRIFINIUM; FINIS en latín es "límite/frontera/demarcación" Otros, debido a la orografía de la zona, opinan que pudiera determinar el origen de tres cuencas fluviales: Las del Xares, Tera, y Cabrera, o bien de las vertientes donde se inician los Valles del Tera, Xares y San Xil. Algo indudablemente relativo porque no es exacto. Asimismo se habla de que la voz Trevinca indicaría el límite y unión de las provincias de Ourense, Zamora y León, aunque dicha conjunción no coincide en aquel lugar, si no en el paso o collado del Alto da Ladeira de Medias (1.970 m.). PINNA TRIFINICA, también nos sugiere que fue triple frontera de tres pueblos astures, identificados como zoelas, gigurros e iburros.
Además de la posible razón que se pudiera tener para pensar que la palabra Trevinca pueda provenir de la expresión "TRE-FINCA"/TRES FINCAS (gal. finca, propiedad rural), correspondientes a las tres demarcaciones de Galicia, Zamora y León, nos inclinamos quizás con más motivos, a pensar que el nombre de Trevinca pueda provenir de "TRE-VINCO"/TRES VINCULOS (gal. vinco, lat. vinculu-atadura, que une/ata o liga moral/jurídicamente y que vincula por medio de un acuerdo a las tres personas responsables de las tres demarcaciones territoriales), o también,"TRE-FINCAR"/TRES FIJACIONES-ASENTAMIENTOS (gal. fincar, asentar, fijar algo en el suelo), o sea que podría ser el sitio en donde se reunían como punto simbólico de encuentro los alcaldes o responsables del territorio correspondiente a las tres demarcaciones de Galicia, Zamora y León y hundían o fijaban sus bastones (caxata/caxado) como forma de sellar su acuerdo sobre el territorio de su responsabilidad, y creemos que, como última posibilidad y para nosotros la más acertada, también podría ser "TRE-VINCAR"/TRES MARCAS" (gal. vincar, marcar), que significaría las tres marcas realizadas para separar las fronteras territoriales de las ya mencionadas Galicia, Zamora y León (Antonio Fernández Pena, Cholo, 2013).
Aunque una teoría excesivamente romántica, pretende relacionar el nombre de la flor silvestre Vinca minor L. (de nombre común Vincapervinca) con el nombre de Trevinca, nada nos lleva a aceptar dicha teoría. No son las razones etimológicas ni por supuesto, tampoco las zonas de montaña o incluso altas vaguadas, los lugares más adecuados para la reproducción y permanencia de la Vinca minor L. Solo como hipótesis "romántica" podríamos aprobar, que el nombre de "Trevinca" pudiese tener su origen en una flor silvestre: la Vinca minor L. (Vincapervinca).
Naturalmente, todo son conjeturas, y aunque técnica y lógicamente nos inclinamos sin duda alguna por las definiciones y sentido de "TRE-FINCA"/TRES FINCAS o "TRE-VINCULO"/TRES VINCULOS o "TRE-FINCAR"/TRES FIJACIONES (ASENTAR), con mucha más razón, creemos que "TRE-VINCAR"/TRES MARCAS pudiera ser el origen o paternidad del nombre de nuestras queridas montañas y además techo de Galicia, Macizo de TREVINCA (Antonio Fernández Pena, Cholo, 2013).
























